ENSAYOS SOBRE LAS DISCORDIAS, Hans Magnus Enzensberger

Autor Hans Magnus EnzensbergerEnsayos sobre las discordias-prueba.indd

Año de publicación 2016

Editorial Anagrama

Traducción Francesc Rovira y Richard Gross

Puntuación 
8/10

Resumen Las grandes migraciones y sus causas y consecuencias, las posibilidades de que tenga lugar una guerra civil y qué o quiénes la motivan, el racismo y la xenofobia, las características de los llamados “perdedores radicales” y su máxima representación en grupos extremistas islámicos…
En “Ensayos sobre las discordias” se aúnan tres ensayos de Hans Magnus Enzensberger que, aun habiéndose escrito hace ya de entre 20 a 10 años, rayan la actualidad absoluta. ¿Y si la Historia siguiera un patrón? ¿Podríamos aprender de ella y detener o evitar según qué cosas? ¿O estamos condenados a repetirla, una y otra vez? 


Opinión personal 
Este libro llegó a mis manos gracias a uno de los múltiples sorteos que encuentro de vez en cuando por Twitter. La editorial Anagrama sorteaba este ejemplar para celebrar la publicación del número 500. Et voilà, habemus fortuna!
Ha resultado ser un libro breve pero con un análisis muy interesante e ilustrativo sobre el pasado y el reflejo de la situación actual en todo el mundo con respecto a las migraciones, racismo, guerras civiles, etc.

El primer artículo, titulado La gran migración, data del 1992. Comienza con una retrospectiva analizando que, en cualquier época y por las razones más diversas, una parte importante de la humanidad siempre ha estado en movimiento: de forma pacífica o forzada, en simple migración o huyendo; una circulación que necesariamente tenía que dar lugar a continuas turbulencias. En la actualidad, la libre circulación del capital arrastra forzosamente la circulación de la mano obra. No obstante, mientras que el dinero se limita a seguir su propia lógica y supera sin esfuerzo cualquier posible obstáculo, las personas se mueven como si de una fuga se tratara, que solo un cínico podría calificar de voluntaria.
Sin embargo, no todos los inmigrantes reciben el mismo trato. Cuanto más “cualificado” sea, con menos trabas se encontrará. Y con cualificación no nos referimos solo a formación. En otras palabras, una respetable cuenta corriente acaba como por arte de magia con la xenofobia, y es que el forastero será tanto más forastero cuanto más pobre sea.
En décadas pasadas, la difusa guerra civil entre vencedores y perdedores se dirimía mediante bombas y metralletas. Ahora con corrupción, endeudamiento, fuga de capitales, hiperinflación, explotación, catástrofes ecológicas, fanatismo religioso…
Para eliminar las causas de la emigración deberían eliminarse (o, al menos, reducir drásticamente) el desnivel existente entre países ricos y pobres. Pero, limitaciones ecológicas del crecimiento aparte, no se vislumbra el menor indicio de una voluntad política tendente a una redistribución global, convirtiendo este tipo de esperanzas en utópicas, cuanto menos.

El segundo ensayo se llama Perspectivas de guerra civil. Publicado en 1994, Enzensberger parte de la afirmación según la cual, pasada la situación de paz tras dos guerras mundiales, el mundo ha entrado en una nueva lógica política: el estado de guerra de todos contra todos.
El ser humano es el único primate que se dedica a matar a sus congéneres de forma sistemática, a gran escala y con entusiasmo. Desde el punto de vista psíquico resulta más satisfactorio descargar el odio contra un individuo conocido, es decir, contra el vecino más próximo, por lo que la guerra civil no solo es una costumbre ancestral sino la forma primaria de todo conflicto colectivo.
Es importante destacar que mientras la “guerra clásica” entre Estados suele tender a la monopolización del poder y a la excesiva consolidación del aparato estatal, la guerra civil siempre comporta el peligro de un relajamiento de la disciplina y de la desmembración de las milicias en bandas armadas y “señores de la guerra” que luego operan por su cuenta, de forma aislada y autónoma.
En tiempos del imperialismo y de la llamada realpolitik toda guerra civil adquiría de inmediato dimensiones internacionales, instrumentalizada por potencias extranjeras organizadas en dos bandos contendientes que no eran más que piezas de un juego más amplio a través del cual las grandes potencias buscaban ampliar sus respectivos ámbitos de influencia y sus imperios coloniales.
No es difícil llegar a la conclusión de que, en esta era dominada por el mercado mundial y el orden capitalista, cada vez hay menos ganadores y más perdedores en sectores cada vez más amplios de la población que ya no pueden mantener el ritmo de una competencia cada vez más salvaje. Por lo tanto, esta violencia colectiva no es más que la reacción desesperada de los perdedores ante su situación económica sin futuro que, lejos de unirse bajo una misma bandera, aceleran su propia destrucción al tiempo que el capital huye de los escenarios bélicos siempre que puede.

El tercer y último escrito se titula El perdedor radical. Ensayo sobre los hombres del terror y es el ensayo más reciente (2007). Enzensberger retrata esta vez de manera minuciosa el perfil del “perdedor radical”, ese loco violento que es capaz de atentar a la puerta de un colegio o ante una multitud sin ninguna razón aparente.
El perdedor radical vive una tensión interna entre el odio al otro, al triunfador, y el desprecio a uno mismo, al derrotado, que lo lleva a la destrucción y agresión (ajena y propia). No solo experimenta un poderío excepcional en el momento del estallido, pues su acto le permite triunfar sobre los demás, aniquilándolos, sino que el mundo exterior, ese que nunca quiso saber de él, le prestará atención inmediatamente gracias a la labor propagandista de los medios de comunicación. Es cierto que ya en el siglo XIX los discípulos del terror confiaban en la “propaganda de la acción” pero no disfrutaban de la atención planetaria que en la actualidad consigue grupos como Al Qaeda o EI.
Que la energía destructiva de las acciones terroristas islamistas se dirija mayoritariamente contra los mismos musulmanes (a diferencia de lo que parece creer Occidente) no es un error táctico o un “daño colateral”. No obstante, cabe recordar que no todos los musulmanes son árabes, no todos los árabes son perdedores, ni todos los perdedores son radicales.
No se necesitan teorías de la conspiración para entender que haya personas que vean con buenos ojos las secuelas del terrorismo. Nada mejor que un enemigo externo cuya existencia puedan invocar los aparatos de vigilancia y represión. Además, estos “guerreros de Dios” (sea cual fuere la bandera religiosa que enarbolen) se ven favorecidos por la dependencia del petróleo de Oriente Próximo del resto del mundo y la incapacidad del capital internacional de renunciar a negocios con aquellos países de la región que respaldan el terrorismo. A fin de cuentas, la nuestra es una sociedad mundial que depende de combustibles fósiles y que nunca cesará de producir nuevos perdedores.

Hans Magnus Enzensberger es uno de los representantes más importantes del pensamiento alemán de la posguerra. Además de poeta y ensayista, ha alternado su trabajo como profesor con el periodismo y la actividad editorial.

Entre 1965 y 1975 perteneció al Grupo 47, una asociación de escritores inscrita al movimiento por la revitalización de la lengua y la literatura alemanas tras el trágico paréntesis del periodo nazi y de la II Guerra Mundial, y a la difusión de una nueva cultura alemana democrática y cosmopolita. En sus ensayos de esta época emprendió una crítica a fondo del sistema político y de los medios de comunicación.
Su interés por los asuntos políticos, culturales y sociales del mundo contemporáneo y su aversión hacia todo tipo de pensamiento conformista le llevaron, durante el proceso de reunificación alemana, a criticar con dureza la actitud de los partidos políticos de la izquierda, a los que acusó de no haber sabido impulsar una nueva orientación política.

Entre sus numerosos galardones figuran el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid, ambos otorgados en 2002. Es en la editorial Anagrama donde se ha publicado gran parte de su polifacética obra, como Conversaciones con Marx y Engels, Migajas políticasEuropa bajo tutela o El corto verano de la anarquía:Vida y muerte de Durruti.

“Nos engañamos si creemos que reina la paz sólo porque podemos ir a comprar el pan sin que un francotirador nos reviente la cabeza”. En realidad, “el nuevo orden mundial [se encuentra] bajo el signo de la guerra civil”. No tanto por las consabidas guerras civiles exteriores (Yugoslavia o antigua Unión Soviética) como por otras guerras civiles endógenas: la que denomina guerra civil molecular, que acontece, cada día, en nuestras metrópolis, y a la que califica de molecular por no ser todavía generalizada, sino cosa de minorías violentas, capaces de romper, a placer, el orden social. Por decirlo así, “todo vagón de metro es ya una Bosnia en miniature”.

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