La verdad sobre… LA BELLA DURMIENTE

Somos muchos los que hemos crecido rodeados del universo creado por Disney, un universo dulcificado donde destacan los finales felices y los sueños cumplidos. 

¿Y si el origen de esos cuentos tuviera un tono más agrio? ¿Y si no todo finalizara con el consabido “y fueron felices y comieron perdices“?

Hoy comenzamos una nueva temática en el blog: os traemos la verdad de los cuentos de Disney. Por el momento nos hemos planteado hacer 3 cuentos míticos, si vemos que tienen buena aceptación y nos lo pedís, investigaremos sobre más de ellos.

Para hoy hemos preparado La Bella Durmiente, así que si queréis saber más sobre el origen de este cuento… ¡continuad leyendo!

“Sol, Luna y Talía”

Este es el título que recibe la primera historia conocida sobre este cuento. Data nada más y nada menos que de 1634 y forma parte de lo que se conoce como el Pentamerón, que no es otra cosa que una colección de cuentos de hadas elaborada por Giambattista Basile.

En este relato se nos presenta a una joven llamada Talía que, a pesar de los esfuerzos de su padre por eliminar este artilugio, un buen día se pincha con una hoja de lino de una rueca y, por lo tanto, cae presa de un encantamiento. Hasta aquí no hay apenas diferencia con la historia de Disney, peeeeeeroooooo sólo hasta aquí, ya que el cuento continua de la siguiente manera:

la-bella-durmiente

Pasado cierto tiempo, un rey que iba de caza entró en el palacio en busca de un halcón que se le había escapado. Casualmente allí encontraría a Talía, tumbada, víctima de aquel encantamiento. La llamó y la tocó pero ella no despertaba. Deslumbrado por su belleza, el rey decidió llevarla hasta el lecho y “recoger los frutos de su amor”. O, lo que es lo mismo, la violó. Tras este acontecimiento, el rey decide dejarla tal como estaba y marcharse.

Nueve meses después, fruto de aquel encuentro nacerían dos criaturas que, al intentar mamar y no encontrar pezón, se agarraron a su dedo y de tanto chupar sacaron la espina. De esta forma Talía despertó de su profundo sueño y decidió criar a esos niños, nombrándoles Sol y Luna.

La bella durmiente “al natural”

Obviamente, Talía  no comprende nada una vez despierta, pero para desvelar sus misterios ya está el rey, que se acuerda de ella y regresa en su busca. Para su sorpresa, se encuentra con que la princesa no solo ha despertado sino que está cuidando de Sol y Luna y, como  si fuera la situación más normal del mundo, le explica lo sucedido. Al parecer, todos quedan tan conformes. El rey se va pero con la promesa de que regresará.

A todo esto, el rey (quien, por cierto, estaba casado) no consigue quitarse a Talía y los niños de la cabeza y tal es su obsesión que hasta en sueños menciona sus nombres. La mujer del rey comienza a sospechar que algo está pasando y decide encargar a un secretario que averigüe quién enamora a su marido. Y no sólo eso, también le ordena al cocinero que prepare varios platos con los cuerpos de Sol y Luna y se los sirva a su marido como comida.

Llegados a este punto, afortunadamente contamos con una buena persona: el cocinero, quien decide esconder a los niños con ayuda de su mujer y engañar así a la reina. Esta última, no estando aún satisfecha con lo acontecido, decide quemar a Talía a pesar de que ella insiste en que no es culpable de nada y que fue el rey quien decidió poseerla mientras dormía. 

La bella durmiente al natural

De repente, entre todo ese tumulto aparece el rey y es entonces cuando la reina le revela que acaba de degustar el cuerpo de sus hijos. Al oír esto el rey, lleno de rabia y furia, ordena quemar en el fuego (previamente preparado para Talía) a su  mujer y al secretario. Estando a punto de hacer lo mismo con el cocinero, este desvela la verdad y gracias a haber salvado a sus hijos consigue salvarse él también. 

Talía y el rey, como si nada de esto hubiera sucedido, deciden finalmente casarse y vivir juntos para siempre. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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“La bella durmiente del bosque”

El siguiente relato nos remonta a 1697 de la mano de Charles Perrault y forma parte de Los cuentos de mamá gansa. Este relato es la primera vez en donde aparecen las figuras de las hadas. Vamos a desglosar un poco más este cuento.

Al principio nos encontramos con un rey y una reina que tras muchos esfuerzos consiguen por fin tener una niña. Tal es la hazaña que deciden convocar a todas las hadas del reino para que estas le concedan un don a su hija y así sea lo más perfecta posible

maleficaDe repente aparece un hada vieja que, al ver que nadie le coloca un cubierto para que ella también pueda festejar ese momento, se marcha indignada. El hada joven, que se temía lo peor, decide esconderse tras la cortina para ver qué pasa. A continuación, las hadas comienzan a concederle dones “tremendamente importantes” porque claro, tenía que ser perfecta. Así la conceden el don de ser la más bella del mundo, de tener el alma de un ángel, de cantar como un ruiseñor…… y así hasta seis dones.  En ese preciso instante aparece el hada vieja y dice “¿Ah, sí? Pues yo te concedo el don de que un día te pincharás con el huso de una rueca y morirás”, ¡zasca!

Por suerte, el hada joven sale de su escondite y consigue “trucar” un poco el hechizo cambiando el “morirás” por “caerás en un profundo sueño de 100 años de duración hasta que un rey venga a despertarte”.

Una vez más tenemos un padre que se desvive por hacer desaparecer todas las ruecas del reino pero, como era de esperar, no consigue evitar el incidente y su hija finalmente se pincha con el huso de una.

hadasEl hada joven llega de nuevo para intentar solucionar las cosas y decide dormir al resto del personal del palacio a excepción del rey y la reina. De esta forma, cuando la princesa despierte no se encontrará con una situación extraña. El rey y la reina abandonan el castillo con la prohibición de que nadie se acerque a él. Una vez más, el hada buena facilita las cosas haciendo crecer grandes árboles, zarzas y espinos alrededor del mismo, de tal manera que apenas se alcanzan a ver las torres del propio castillo.

Transcurridos los 100 años, vagaba por aquel bosque el hijo de un rey. Extrañado por no encontrar las torres del castillo, le pregunta a un campesino de la zona quien le pone al corriente de los hechos. El valiente príncipe, ni corto ni perezoso, se adentra en la profundidad del bosque para poner fin al hechizo. Afortunadamente para él, el propio bosque le abre el camino y se cierra tras de sí al entrar al castillo. ¡¡¡Así de fácil!!!

Nada más entrar se topa de bruces con los cuerpos tumbados de todo el personal, creyendo al principio que están muertos pero pronto comprende que no, están durmiendo. Tras atravesar varias estancias llega finalmente al habitáculo de la princesa. Se acerca, se arrodilla junto a ella y esta despierta pues ya habían pasado los 100 años de la maldición. El príncipe le confiesa que la ama más que a sí mismo y se casan con ayuda de un capellán que, al igual que el resto del personal, también despierta del profundo sueño. Os podéis imaginar lo que ocurre a continuación, la frase literal es “la dama de honor corrió las cortinas“. 

Tuvieron dos hijos: una niña a la que llamaron Aurora (nombre que coincide con el de la bella durmiente de Disney) y un niño llamado Día. Y así pasarían dos años en los que el príncipe va y viene de su casa al castillo y viceversa, ya que su madre es literalmente “del género ogro”, por lo que no se atreve a confesarle su secreto.

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Finalmente su padre muere y. envalentonado porque acaba de convertirse en el nuevo rey, decide declarar públicamente su matrimonio. La felicidad le dura poco tiempo ya que tiene que partir a luchar en la guerra contra el emperador Cantalabutte, por lo que encarga el cuidado de su familia a su madre.

Es entonces cuando la madre se frota las manos y le encarga al mayordomo comerse el cuerpo de la pequeña Aurora como cena.

-Mañana quiero comerme a la pequeña Aurora en la cena.
-¡Ay, señora! -dijo el mayordomo.
-¡Yo lo quiero! -dijo la Reina (y lo dijo con el tono de una ogresa que desea comer carne fresca). Y quiero comérmela con salsa Robert.

El mayordomo, incapaz de cometer semejante atrocidad, mata a un corderito y esconde a la pequeña niña. Ocho días después, la malvada madre le pide en esta ocasión el cuerpo del pequeño Día.

-Quiero comerme al pequeño Día para la cena.

Una vez más, el mayordomo esconde al pequeño Día junto con Aurora y  le ofrece un cabritillo a la madre quien, insaciable como era, le ordena prepararle finalmente el cuerpo de Aurora como cena.

-Quiero comerme a la Reina con la misma salsa que a sus hijos.

El mayordomo en esta ocasión le ofrece una joven cierva como comida. Poco tiempo después la madre ogresa descubre el engaño y, presa de la furia, ordena preparar una gigantesca cuba llena de sapos, víboras y culebras en la que echar a la reina, a sus dos hijos, a su criado, al mayordomo y a su mujer. ¡¡¡Ale, todos juntos!!!

Casualmente, ¡oh qué sorpresa!, aparece de la nada el rey para salvarlos a todos y es la propia ogresa quien  se tira literalmente de cabeza dentro de la cuba para terminar siendo devorada por las bestias.

Mi parte favorita es esta frase final XD.

El rey no dejó de sentirlo: al fin y al cabo era su madre; pero se consoló muy pronto con su hermosa mujer y con sus hijos.

Después de estas versiones vendría la de los Hermanos Grimm en 1812, pero esta versión es bastante similar a la de Disney por lo que creo que aquí finaliza este repaso de este clásico de la literatura infantil (¿o quizás ya no tan infantil?).

¿Qué versión preferís? ¿La azucarada de Disney o las macabras originales?

Próximamente….. ¡¡¡La Cenicienta!!!

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3 comentarios

  1. Yo prefiero la azucarada de disney, después de enterarme de las historias macabras nunca volveré a ver la película de disney de la misma forma.

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