¿QUIÉN DOMINA EL MUNDO?, Noam Chomsky

22886gAutor Noam Chomsky

Año de publicación 2016

Editorial Ediciones B

Traducción Javier Guerrero

Puntuación
7.5/10

Resumen ¿Quién domina el mundo? es un estudio concienzudo y meticulosamente documentado de Noam Chomsky sobre la situación actual de nuestro planeta en cuanto a los principales conflictos, enfrentamientos y peligros a los que nos enfrentamos. El foco principal se centra en el papel de Estados Unidos que, por medio de sus políticas predominantemente militaristas y su ilimitada devoción por mantener un imperio de escala mundial, está arriesgándose cada vez más a provocar una catástrofe que no solo destrozaría los bienes comunes del planeta sino a todos nosotros por el camino. Los asesinatos mediante drones, la preocupante amenaza de guerra nuclear, los conflictos de Irak, Irán, Afganistán, Israel-Palestina, … etc. son algunos de los temas principales sobre los que Chomsky ofrece unas reflexiones inesperadas y cargadas de matices con la intención de apuntar hacia el funcionamiento del poder imperial en un planeta cada vez más caótico.

¿Quiénes son los “amos de la humanidad“?  Los otrora comerciantes y dueños de industrias de Inglaterra han pasado a ser conglomerados multinacionales, enormes instituciones financieras y gigantescos emporios comerciales que, bajo la infame máxima “Todo para nosotros y nada para los demás”, gobiernan en detrimento de sus propios países y del mundo en general.
El principal objetivo de este libro es denunciar las atrocidades y enormes “equivocaciones” que los poderosos (más concretamente y en un primerísimo primer puesto Estados Unidos) con su recua de aliados siguen cometiendo en todas partes con el pretexto de salvaguardar la seguridad de todas las personas del mundo. No obstante, lo que las fuerzas privilegiadas estadounidenses hacen realmente es salvaguardar los intereses de Washington y de su poderoso sector empresarial ante cualquier injerencia (o lo que dichas fuerzas/lobbies tomen por injerencia, mejor dicho). Ejemplo de ello es que el control del mundo por parte de los EEUU requiere sin lugar a dudas el control de los gasoductos que provienen de Oriente Próximo, lo que ha resultado ser el detonante de gran parte de los conflictos sobre dicho territorio.

Por supuesto, los “amos del universo” distan mucho de ser representativos de la población de las potencias dominantes. Hasta en los países más democráticos, la población tiene un impacto pequeño (si no nulo) en las decisiones políticas. O lo que es lo mismo, la gran mayoría de la población se encuentra excluida del sistema político y sus opiniones y posturas son pasadas por alto por sus representantes formales, mientras que la selecta pero poderosa élite económica y grupos organizados que representan los intereses empresariales poseen una influencia arrolladora.
Al tiempo que la riqueza y el poder se han concentrado cada vez más en manos de la “plutonomía”, los ingresos reales de la mayor parte de la población (denominada a veces “precariado global”) se han estancado y la gente se las ha apañado aumentando las horas de trabajo y su endeudamiento, y con una inflación de activos, regularmente destruidos por las crisis financieras que empezaron cuando se desmanteló el aparato regulador a partir de la década de 1980. Además, los bancos y las sociedades de inversión pueden hacer transacciones de riesgo con pingües beneficios y, cuando el sistema se derrumba sin remisión, pueden correr al Estado niñera y pedir el rescate económico de los contribuyentes, bien aferrados a sus ejemplares de F.A. Hayek y Milton Friedman.

A lo largo de toda su historia, los esfuerzos reiterados de los EEUU para derrocar gobiernos, imponer su sistema macroeconómico y social o, simple y llanamente, demostrar su poder han sido numerosos. El denominado “primer 11S” del Chile de Allende se vio multiplicado en toda Latinoamérica con el fin de “matar el virus” que podría alentar a todos aquellos que intentaban mantener sus propios recursos y llevaban a cabo una política de desarrollo independiente en una línea contraria a los deseos de Washington. De la misma forma, Vietnam en sí no tenía particular interés, pero como reflejan los archivos, a la mayor potencia mundial le preocupaba que el éxito de un movimiento independiente extendiera el contagio en la región.
El derecho a dominar es un principio rector de la política exterior de EEUU que se encuentra casi por doquier, aunque se suele camuflar en términos defensivos: siempre actúa invocando la “amenaza X” (soviética, cubana, iraquí, etc) que a su vista legitima su barbarie o bien denominando su actuación como “contrainsurgencia“, un término acuñado para designar el terrorismo que dirigen ellos mismos. De igual forma, cuando EEUU invadió Irak destruyéndolo casi por completo y azuzando conflictos sectarios que actualmente están desgarrando el país y toda la región, se trataba de un proceso de “estabilización” según la retórica oficial de los medios. Eso sí, cuando Irán apoya milicias que se resisten a dicha agresión, eso es “desestabilización“. Difícilmente podría existir un crimen más ruin que matar soldados de EEUU que atacan tu casa.

Como respuesta, la tortura se ha practicado de forma sistemática desde los primeros días de la conquista del territorio nacional y continuó utilizándose cuando estas “aventuras” imperiales se extendieron a las Filipinas, Haití y otros lugares.  En muchos casos, la tortura era el menor de los muchos crímenes de agresión, terror, subversión y estrangulamiento económico que han oscurecido la historia de los Estados Unidos como de otras grandes potencias.
De hecho, la práctica común de Washington es la tortura “en diferido”, es decir, la tortura no aplicada directamente por estadounidenses en sus propias cámaras de tortura establecidas por el Gobierno sino las derivadas a “sucursales” como Abu Ghraib o Guantánamo. De esta forma, el infame premio Nobel de la paz y expresidente de los EEUU Barack Obama no eliminó la práctica de la tortura durante su mandato, sino que simplemente la “reubicó”.
No es sorprendente por tanto que la tortura haya conducido a la muerte de tantos soldados estadounidenses como civiles murieron en el el 11S. No hay más que echar un vistazo a los centenares de interrogatorios que se llevaron a cabo durante y tras la guerra de Irak para darse cuenta de que muchos combatientes extranjeros se alistaban a las fuerzas de Al-Qaeda y otros grupos militares precisamente en respuesta a los abusos en Guantánamo y Abu Ghraib. 

El poder del Estado ha de ser protegido de su enemigo interno y, en contraste, la población no está a salvo del poder del Estado. Un ejemplo impactante es el ataque radical a la Constitución por parte del programa de vigilancia masiva de la Administración Obama. Por supuesto, está justificado por la “seguridad nacional”. No obstante, cuando se investigaron las revelaciones de Wikileaks que Edward Snowden dejó al descubierto sobre el programa de vigilancia de la NSA, solo se encontró un caso en el que dicha vigilancia hubiera sido fructífera.

“La amnesia histórica es un fenómeno peligroso, no solo porque mina la integridad moral e intelectual, sino porque también siembra el terreno para crímenes subsiguientes.”


La política dominante de los EEUU hacia los levantamientos y gobiernos populares de todo el globo siempre se ha ceñido a las directrices estándar: apoyar a las fuerzas más dociles respecto la influencia y el control de Washington, aun si ello implica apoyar a dictadores (siempre y cuando puedan mantener el control, como en la mayoría de los Estados petrolíferos). Cuando esa premisa deja de existir, el paso a seguir es deshacerse de ellos y tratar de restaurar el antiguo régimen de la manera más fiel posible, como ya ocurrió en Túnez o Egipto.
De forma paralela y en gran parte del denominado “Primer Mundo” se han dedicado esfuerzos enormes a inculcar la industria de la “fabricación de deseos” con numerosas industrias consagradas a la labor: relaciones públicas, publicidad, márketing… La labor consiste en dirigir a la población hacia cosas superficiales de la vida para que los individuos puedan atomizarse o separarse unos de otros en busca del beneficio personal y se alejen por tanto del peligroso esfuerzo de pensar por sí mismos y enfrentarse a la autoridad.

Son muchos los temas planteados en este libro aunque me gustaría mencionar algunos de ellos brevemente:

  • Conflicto Israel-Palestina. Noam expone gran parte de la historia reciente de este conflicto y sostiene que EEUU y sus aliados occidentales harán lo posible por impedir la auténtica democracia en el mundo árabe ya que únicamente apoya la democracia si esta contribuye a sus objetivos estratégicos y económicos. Numerosos consensos y acuerdos internacionales han sido bloqueados una y otra vez a lo largo de la historia por la negación de ambas fuerzas (Israel y Estados Unidos).
    Siempre me ha resultado curiosa la invisibilidad casi manifiesta de los EEUU cuando cualquier medio de comunicación convencional aborda este asunto, como si no estuvieran involucrados en absoluto. Debemos recordar que para gran parte de los gobiernos de Israel y EEUU, los árabes matan civiles a propósito mientras que ellos, como sociedades democráticas, no pretenden hacerlo sino que las muertes que provocan son accidentales. De ahí que no alcancen el nivel de depravación moral de sus adversarios.
  • La Carta Foresta y los comunes. Dentro de no mucho, la Carta Magna, uno de los grandes hitos en el establecimiento de derechos civiles y humanos, cumplirá mil años. No obstante, esta incluía una carta acompañante titulada Carta Foresta relacionada de forma directa con los comunes. “¿Y qué son los comunes?”, os preguntaréis. Pues bien, los comunes eran la fuente de sustento de la población general (combustible, comida, materiales de construcción… todo lo esencial para la vida) que se había usado cuidadosamente a lo largo de generaciones a disposición de todos. Hoy en día, sin embargo, dichas prácticas se encuentran sobre todo en sociedades tradicionales que están amenazadas en todo el mundo.


    El objetivo de la Carta Foresta era exigir la protección de los comunes frente al poder externo, la realeza y, con el paso de los años, de los cercamientos y otras formas de privatización a manos de corporaciones depredadoras y las autoridades del Estado que cooperan con ellas. No es sorprendente por tanto que hoy en día la conversión de bienes públicos en propiedad privada a través de la privatización de nuestro entorno natural común sea una forma con la que las instituciones neoliberales eliminan los frágiles hilos que sostienen multitud de naciones y pueblos autóctonos. (Si queréis saber más sobre este tema, aquí os dejo un entrada previa de nuestro blog).
  • Cuba presenta una clara ilustración del patrón politicoeconómico que EEUU ha llevado a cabo (y sigue haciendo) a lo largo de toda su historia. Lo amenazador de la Cuba independiente de Castro era la sombra que proyectaba y atraía a las masas de la población de Latinoamérica cuyas condiciones sociales y económicas les invitaban a oponerse a la autoridad y alientaban la agitación en pos de un cambio radical. Fidel Castro representó un desafío triunfante a los EEUU, una negación de su política en el hemisferio durante casi un siglo y medio.

“La OTAN existe para gestionar los riesgos creados por su propia existencia.”

  • Por último pero no por ello menos importante (aunque en muchas agendas políticas así sea, si es que acaso aparece) trata el cambio climático y la continua y absurda negación por parte de muchos dirigentes políticos, compañías energéticas y el mundo empresarial para tratar de convencer a la opinión pública de que el calentamiento global o bien es irreal o no es resultado de la actividad humana. De hecho, Donald Trump ya ha abolido las microscópicas medidas que la administración anterior llevó a cabo en este sentido, a pesar de que dos tercios de la población de los EEUU deseen frenar el crecimiento de los gases de efectos invernadero y crean que es más importante el clima que la economía. Una vez más, la opinión pública queda apartada de la agenda política aunque esta vez la disparidad entre ambas tiene implicaciones enormes para el destino del mundo entero.

    Todos los detractores de dichas medidas comprenden muy bien la gravedad de la amenaza a la que nos enfrentamos, pero deben maximizar el beneficio a corto plazo y la cuota de mercado. Si no lo hacen ellos, otros lo harán. De esta forma, el destino de nuestros nietos no cuenta nada cuando se compara con el imperativo de que mañana aumenten los beneficios.

En resumen, un libro de lectura muy recomendable para cualquier persona que quiera estar al día de cierta manera de la realidad geopolítica y quiera leer entre líneas de los periódicos o medios de comunicación convencionales.

Info adicional Noam Chomsky, profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT, nació en Filadelfia el 7 de diciembre de 1928. Se le atribuye el haber revolucionado el campo de la lingüística moderna.
Es asimismo autor de numerosas obras políticas de gran éxito, entre ellas los best sellers Hegemonía o supervivencia, Estados fallidos, Ambiciones imperiales, Lo que decimos se hace y Esperanzas y realidades.
El New York Times lo ha señalado como «el más importante de los pensadores contemporáneos».

Si queréis saber más, aquí os dejo un enlace a un gran artículo en CTXT sobre este tema del propio Noam Chomsky y traducido por Paloma Farré y una entrevista con subtítulos en inglés sobre este mismo libro:

“Mientras la población general permanezca pasiva, apática y desviada hacia el consumismo o el odio a los vulnerables, los poderosos pueden hacer lo que les plazca; y los que sobrevivan podrán contemplar el resultado.”

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