La verdad sobre… BLANCANIEVES

Ya hemos analizado los cuentos clásicos de La Bella Durmiente y de La Cenicienta y, como no podía ser de otra manera, hoy le toca el turno a Blancanieves. Esta película fue el primer largometraje de Disney y se estrenó allá por el año 1937.

La versión más conocida de este cuento de hadas es, una vez más, la de los hermanos Grimm y por lo tanto la que vamos a destripar a continuación.

El cuento empieza con una reina que se encuentra pacíficamente cosiendo junto a una ventana en su palacio mientras observa cómo nieva. Accidentalmente se pincha con la aguja y tres gotas de sangre caen sobre la nieve. Como el efecto le parece muy bello, se le ocurre lo siguiente: “¡Ojalá tuviera una niña tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y tan negra como la madera de ébano!”

Poco después, la reina tiene una niña con esas mismas características, por lo que evidentemente decide llamarla Blancanieves. Y, cómo no, la tragedia se avecina: al nacer esta linda niña muere la reina.  Pero… ¡no pasa nada! Porque para eso está el rey, que al año decide contraer matrimonio con una mujer bellísima, orgullosa y arrogante que cada día le pregunta a su espejo: “¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?” A lo que el espejo responde: “La Reina es la más hermosa de esta región”.

Así, la nueva reina se queda satisfecha ya que sabe que el espejo siempre dice la verdad. Pero la cosa se va a complicar porque Blancanieves va creciendo y cada vez es más y más bella. Es por eso que, con el paso del tiempo, llega el día en que la reina le pregunta al espejo: “¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?” A lo que el espejo responde: “La Reina es la hermosa de este lugar, pero la linda Blancanieves lo es mucho más”.

Muerta de envida, cada vez que la reina ve a la niña se le remueve todo por dentro. Un día no aguanta más y decide llamar al cazador para encargarle lo siguiente: “Lleva esa niña al bosque; no quiero que aparezca más ante mis ojos. La matarás y me traerás sus pulmones y su hígado como prueba”.

A punto está el cazador de matar a la niña cuando esta empieza a suplicarle que se apiade de ella y que no acabe con su vida, prometiendo que huirá al bosque y desaparecerá si así lo desea.

Finalmente, el cazador decide dejarla escapar, pensando que las fieras pronto acabarán con ella. En cambio, mata a un cerdo al que le extrae los pulmones y el hígado para enseñárselo a la reina como muestra de que ha cometido su misión. De esta forma, el cocinero cocina los órganos y la reina los saborea pensando que son las vísceras de la linda Blancanieves.

Mientras tanto Blancanieves, muerta de miedo, echa a correr en mitad del bosque teniendo la gran suerte de no ser golpeada por ninguna zarza, ¡mira tú qué bien! Hasta que, de repente, se da de bruces con una bonita cabaña. Decide entrar y descubre que allí dentro todo es pequeñito: mesitas, platitos, cucharitas, camitas… Como tiene mucha hambre decide probar la comida, así que va comiendo de cada platito y bebiendo de cada vasito. Una vez ha terminado, Blancanieves decide que está muy cansada así que busca una cama para dormir. Pero no le sirve cualquier cama, ¡ella es muy selecta! Una es muy larga y otra muy corta. Afortunadamente encuentra una a su medida y se acuesta a dormir en ella.

Se hace de noche y los enanitos regresan de trabajar duro en la mina. De repente descubren que algo va mal: ¡Alguien ha estado trasteando en su propiedad! Así que, ayudándose de sus siete farolillos, descubren a Blacanieves en el interior de su pequeña cabaña. “¡Oh, mi Dios -exclamaron- qué bella es esta niña!” Y tan felices se ponen (porque… ¿quién no se alegra de encontrar un extraño en casa?) que deciden dejarle descansar. 

Al amanecer, Blancanieves les explica lo sucedido y cómo ha terminado allí. Los enanitos entonces le hacen la siguiente proposición: “Si quieres hacer las tareas de la casa, cocinar, hacer las camas, lavar, coser y tejer y si tienes todo en orden y bien limpio, puedes quedarte con nosotros; no te faltará nada”. “Sí -respondió Blancanieves- acepto de todo corazón”.

¡Cómo no aceptar semejante propuesta! Pero sigamos adelante con la historia.

Todo va fenomenal en la cabaña, pero la reina decide de nuevo hacer su pregunta favorita: “¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?” Entonces el espejo responde: “La Reina es la más hermosa de este lugar. Pero, pasando los bosques, en la casa de los enanos, la linda Blancanieves lo es mucho más”. 

Así es como la reina descubre la mentira y decide elaborar un plan donde ella sea la que consiga quitarse de en medio a Blancanieves. Disfrazada de inocente e inofensiva vendedora de cintas de colores (a diferencia de la película de Disney, donde la envenena con una manzana) la reina se planta ante la cabaña de los enanitos. Entra y exclama: “¡Niña, qué mal te has puesto esa cinta! Acércate que te la arreglo como se debe”.

Ya podéis imaginar que, lejos de recolocar el lazo, lo oprime bien fuerte dejando sin aliento y tendida en el suelo a nuestra protagonista.

Afortunadamente para Blancanieves, cuenta con sus enanitos que, al regresar a casa y encontrarla desplomada, cortan el lazo y cuales expertos reanimadores en RCP consiguen que poco a poco comience a respirar. Ya sabes, pon un enanito en tu vida. 

De nuevo la reina, en su ansiada misión por ser la más bella, vuelve a preguntarle al espejito: “¡Espejito, espejito, de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?” Entonces, como la vez anterior, responde: “La reina es la más hermosa de este lugar. Pero pasando los bosques, en la casa de los enanos, la linda Blancanieves lo es mucho más”.

La reina dice: “¿Cómooooooooooooooooooo? Presa de su furia y haciendo uso de sus sortilegios, elabora un peine envenenado. Atraviesa otra vez las montañas y de nuevo consigue engatusar a Blancanieves para que le deje entrar en casa. Apenas esta entrelaza el peine en su cabello, el veneno comienza a actuar y la pequeña cae sin conocimiento. “¡Oh, prodigio de belleza -dijo la mala mujer-ahora sí que acabé contigo!” 

Tranquilos, no pasa nada. Recordad que tenemos a nuestros expertos en RCP que una vez más logran que la pequeña vuelva a respirar, esta vez quitando el peine de entre sus cabellos. Por enésima vez, le recuerdan que debe tener cuidado y no abrir la puerta a desconocidos.

La historia se repite y una vez más la reina piensa que su tentativa ha tenido éxito, así que le pregunta al espejo: “¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?” Y el espejito, responde nuevamente: “La Reina es la más hermosa de este lugar. Pero, pasando los bosques, en la casa de los enanos, la linda Blancanieves lo es mucho más”.

Loca y desatada por una cólera interior, decide preparar la famosa manzana envenenada. Disfrazada de campesina, la reina atraviesa por tercera vez las siete montañas que le separan de la cabaña donde Blancanieves se encuentra. Esta vez le cuesta un poquito más engañarla: le ofrece una suculenta manzana y, para que vea que no la está engañando, corta la manzana en dos mitades. La reina come la parte blanca y Blancanieves, la parte roja. ¡Mira que los enanitos se habían molestado en advertirla! Pero nada, ella, erre que erre, prueba la manzana y por tercera vez cae muerta. Triunfante la reina dice: “Blanca como la nieve, roja como la sangre, negra como el ébano. ¡Esta vez los enanos no podrán reanimarte!” De vuelta en casa le pregunta a nuestro chivato espejo, quien por fín le confirma que única y exclusivamente ella es la más bella del reino.

No hay nada que nuestros magníficos reanimadores puedan hacer esta vez por nuestra protagonista y deciden que al seguir tan hermosa (porque, al parecer, eso es lo más importante de todo: su belleza) no pueden enterrarla bajo tierra. Elaboran entonces un ataúd de vidrio para poder vigilarla desde todos los ángulos y es que ahora ya sí deciden custodiarla (se ve que las veces anteriores no era importante). 

Un día aparece un príncipe por allí y al ver a Blancanieves se enamora de ella. ¿Cómo no, si es bellísima? Es entonces cuando les pide a los enanitos el ataúd, prometiéndoles que la honrará como a lo que más quiere en el mundo. Los enanos, un poco a regañadientes, finalmente deciden aceptar. Mientras están transportando el ataúd, este vuelca y con el choque, el trozo de manzana que aún conservaba en su garganta sale despedido hacia afuera. Blancanieves resucita por tercera vez y dice: “¡Oh, Dios!, ¿dónde estoy?” Y el príncipe contesta: “Estás a mi lado. Te amo como a nadie en el mundo; ven conmigo al castillo de mi padre; serás mi mujer”.

Y así de simple comienzan los preparativos de la boda. Pero atentos porque… ¡la malvada madrastra está invitada! Y es que, ¿quién no invita a su boda a la persona que ha intentado matarte tres veces?

La reina, que no se lo podía creer, decide acudir al enlace para ver con sus propios ojos a Blancanieves aún viva. Perooooo mala idea. Resulta que habían elaborado unos zapatos de hierro ardiente para la madrastra, a quien obligan a  ponérselos y bailar con ellos hasta su muerte. 

Hasta aquí nuestra tercera entrada sobre la verdad de los clásicos Disney. Si queréis conocer la verdad sobre alguno en particular, no dudéis en dejarlo en comentarios. 

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