MERCADO DE LA CARNE, Laurie Penny

Autor Laurie Penny

Año de publicación 2011

Editorial Zero books

Puntuación 9/10

Resumen En la actualidad vivimos en un mercado de la carne. En la sociedad capitalista moderna, las mujeres cumplen un rol doble: son tanto consumidoras como objetos de consumo, y el comercio de la carne femenina se extiende a todas y cada una de las partes que conforman la identidad política de las mujeres. La cultura moderna está obsesionada con controlar los cuerpos de las mujeres mediante un imaginario saturado por una iconografía de belleza femenina enferma e irreal que hace que las mujeres reales y sus cuerpos reales sean marginados, denigrados e ignorados.

Opinión personal “Mercado de la carne” está formado por varios escritos sobre la alienación de la carne femenina y cuyo objetivo es contrarrestar aquella voz que alienta a las mujeres y niñas de todo el mundo a encogerse, a silenciarse, a ser pequeñas, sexy y amables y a no atreverse jamás a abarcar más de lo que pueden. El libro tiene cuatro secciones, Sexualidad, Trastornos alimenticios, Capital de género, y Labor doméstica.

Si la sociedad de consumo continúa existiendo tal y como nos hemos acostumbrado, necesitará apropiarse y domar el poder de la mujer en términos laborales, sociales y reproductivos. Es por ello que, si todas las mujeres del mundo se levantaran mañana sintiéndose realmente positivas y poderosas en sus propios cuerpos, la economía global colapsaría de un día para otro.
Vivimos en un mundo en el que se idolatra un cuerpo femenino irreal y se desprecia el verdadero poder femenino, en el que a las mujeres se les ordena que parezcan disponibles sin realmente serlo, en el que se nos obliga a mostrarnos social y sexualmente consumibles mientras que nosotras debemos consumir y, por tanto, ocupar lo menos posible.

La consternación pública ante la carne femenina y la fascinación enfermiza por los desórdenes alimenticios es parte de una estructura de control capitalista patriarcal basado en el terror al poder físico de la mujer. La sociedad en su conjunto debe reconocer y aceptar el hambre de la mujer. No solo el hambre entendida como las 2500 calorías que necesitamos día a día para tomar con energía nuestras vidas plenas e interesantes, sino nuestro hambre de vida, de amor, de expansión de nuestros horizontes, de tomar y ocupar nuestro espacio y vivir y sentir en nuestros propios cuerpos.

El feminismo ha conseguido un logro crucial: aumentar y expandir el trabajo de la mujer fuera del núcleo familiar. Pero no ha conseguido la correspondiente expansión (igualmente crucial) del trabajo del hombre dentro del hogar. En otras palabras, sí ha enmendado el antiguo acuerdo patriarcal, pero no le ha puesto fin.
Alegar que es “algo cultural” y, por tanto, sagrado para muchos, es totalmente falso. Es más, el aislamiento de la mujer en el hogar y su relegación al ámbito doméstico no son únicos a culturas “extranjeras” sino que han formado parte de la narrativa central de la historia occidental durante los últimos 350 años.
No obstante, esta guerra de trincheras en la que los hombres se niegan a realizar el trabajo del hogar y las mujeres desean deshacerse de él, acaba desembocando en la explotación cómplice de otras mujeres más pobres. Hipocresías aparte, se debe buscar una solución que beneficie a todas las personas, porque… ¿quién limpia la casa del que limpia?

En definitiva, si queremos ser libres, las mujeres del siglo XXI necesitamos parar de jugar a este macabro juego. Necesitamos abandonar nuestros desalentados esfuerzos en creer que nuestros cuerpos son aceptables y empezar a afirmar, con una certeza radiante y libre, que somos poderosas.

Laurie Penny es periodista, escritora, comentarista y activista. Actualmente reside en Londres y trabaja como columnista en el New Statesman, el periódico The Guardian y muchos otros medios. Además escribe un blog bastante popular llamado Penny Red y es editora y colaboradora en The New Enquiry.
Además de el libro que acabamos de mencionar, también ha publicado “Penny Red: Notes from a New Age of Dissent” (Penny Red: apuntes desde la nueva era de la indignación, una colección de artículos y blogs publicados durante las revueltas en Londres luego de la crisis económica mundial), “Discordia: Six Nights in Crisis Athens” (Discordia: seis noches en la Atenas en crisis), y “Everything Belongs to the Future” (Todo pertenece al futuro), entre otros.

Diciendo “no” será la única forma en que las mujeres del siglo XXI recuperarán su voz y recordarán su poder. “No” es la palabra más importante en el arsenal dialéctico de una mujer y es la única palabra por la que nuestros empleadores, líderes y, muy a menudo, los hombres de nuestras vidas harían lo que fuera por evitar que la pronunciáramos. No, no serviremos. No, no nos conformaremos con el trabajo sucio, mal pagado o gratuito. No, no nos quedaremos hasta tarde en la oficina, cuidaremos de los niños y saldremos a hacer la compra. Nos negamos a encerrar nuestra gran pasión, nuestra creatividad y todo nuestro potencial en la prisión física y rígida que nos ha sido otorgada desde que éramos niñas. No. Nos negamos. No compraremos vuestras prendas de ropa, zapatos y operaciones quirúrgicas. No, no seremos bonita; no seremos buenas. Sobre todo, nos negamos a ser bonitas y buenas.

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